| Búscame
No creas que te he abandonado Búscame cerca de ti, Yo se que otras cosas te cegaron Dale! Juega conmigo, Olga Suarez
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| Soy yo
Yo soy la pasión que te envuelve el cuerpo Olga Suarez
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| Sin Piel Te
deslizas sobre mí Te sientas sobre el polvo En la raíz de tu alma Marcelo Echaniz
Tu mirada se
entrelaza con el viento. Tu
cuerpo se curva en el desierto. Tus
pechos suben hasta el borde de mis manos. Brota
una canción entre tus labios, Me besas como el
fuego al viento. Un
hilo de sangre en tus pupilas Río
de amor cuando te miro. Desde
mi boca burbujas de alcohol Tu sangre
y mi cara se confunden en el suelo. Nos quisimos
tanto y nos quedamos juntos. Marcelo Echaniz
"Después me sacudí las últimas
cenizas de la muerte, y algo me estremeció"
Miguel Oscar Menassa
Fue la certeza de que la muerte
propiamente dicha, no existe.
Que es el paso hacia una vida diferente.
Más plena, mas profunda y eterna.
Es la vida del espíritu, es la verdadera
vida.
La otra, la terrenal, fue solo una vida
pasajera,
como una ilusión del alma, como un compás
de espera,
como un paso obligatorio por la escuela.
Tuvimos que aprender a hacer nuestros
deberes,
y aunque pasemos o no las pruebas,
llega el final del tiempo asignado,
y debemos partir en pos de la vida
duradera.
La vida del espíritu, del alma, que todo
lo supera.
Somos energía, vibración, luz y estela;
somos esa parte de DIOS, y EL nos
espera........
Honilda Orellana de Camuso
Hoy despliego mis alas por toda la inmensidad
hecha llamas,
hasta incinerarme en el fuego sagrado de
la vida.
Hoy ensancho mi voz para cantar los
cantos,
sencillos y los cantos solemnes.
Aquellos que tienen sabor a cotidianidad y
aquellos que saben a gloria .
Déjenme decir lo que siento cuando veo
correr
a un niño, amamantar a una madre o
envejecer a una abuela.
Déjenme que cante al hombre que trabaja
para
el sustento diario.
Y a aquel que crea con sus manos, su voz o
con su ejemplo, la poesia diaria.
Quiero cantar por tantas voces que
calladas
ejercen su ritmo y musicalidad a traves,
de los tantos avatares.
Dichoso aquel que pueda expresarse con
musica o palabras.
Que puede exponer sus ideas.
Yo canto por todos los callados que
diariamente,
ofrecen con su esfuerzo una poesia a la
vida
Porque poesia es saber vivir en armonia
con
el cosmos y con todo lo que nos rodea.
Poesia es tambien esa gota de agua fresca,
que ofrecemos a la fuente universal
sin desvirtuarnos.
¡ El universo todo es la poesia de DIOS.!
Honilda Orellana De Camuso
Como
a través de una tenue neblina Horacio Salvador Dileo
No
puedes ver el sol Miseria Horacio Salvador Dileo
Tal
vez el gris sea el mejor color. Horacio Salvador Dileo Vivir sin ti: La
soledad
COMO
QUISIERA SER Amadeo
Daniel Musso Te irás habriendo
tus alas queriendo volar
Estoy
inmensamente hastiada Gabriela Carballada Tú fuiste mi amor verdadero, Amor
como el tuyo, jamás habrá en mi vida, De
golpe y porque sí, de mis días Gabriela Carballada QUIERO
ACOSTARME A DORMIR Y NO LEVANTARME JAMAS, QUIERO
ACOSTARME A DORMIR Y CUBRIR MI CUERPO TODO, QUIERO
ACOSTARME A DORMIR Y NO VOLVER A DESPERTAR, Gabriela Carballada SOY
FRÁGIL COMO UN GORRION, ABRIGAME
MUCHO Y ACARICIAME, TENME
PACIENCIA, NO ME HIERAS Gabriela Carballada
Es tu aliento la frescura de la brisa, Es por ti que veo el sol día tras día, DANTE
SI, HAY UN BRILLO EN TUS OJOS Y EN TU ROSTRO, QUE TE EMBELLECE CADA DIA MAS.
SE NOTA EN TU SONRISA, EN LO PROFUNDO Y SERENO DE TU MIRAR.
ESA LUZ, PROVIENE DE UN AMOR MUY PURO, DE LO MAS INSONDABLE DE TU SER.
ES UN SENTIMIENTO SECRETO ENTRE DOS PERSONAS QUE SE AMAN EN PLENITUD CON LA BENDICIÓN DE DIOS.
DICHA LUZ, PROCEDE DEL CIELO Y TE HA TOCADO PARA BENDECIRTE CON LO MAS HERMOSO QUE PUEDE ANHELAR UNA MUJER.
SI, VAS A SER MADRE, Y A PARTIR DE ESE MOMENTO DE DICHA, ESA LUZ ESTARA SIEMPRE CONTIGO.. FDO: GIOVANNI GULIO PINTO
Te quiero, porque te quiero, desde el mismo día que te conocí, fue como un ritmo alegre que ingresó a mi vida.
Te quiero como sos, te quiero porque llenas la vida de un profundo perfume de rosas.
Sí te quiero, y te pido perdón, porque eres ese ser, que todo hombre desea.
Sí, te quiero y te deseo, pues eres esa estrella blanca, en un firmamento azul profundo, como tu dulce mirada.
Te quiero, como joya preciada que este ser humano, sabe que jamás podrá adorar y tenerte en su mano.
Pero te llevo tan profundo, en mi corazón, que estás marcada a fuego en mi alma, hermoso valor de mujer, que simplemente, por eso te quiero.
Juan Julio Pinto
No estuviste ni estarás, recordando lo sentido con una mueca te has ido. No dejaste ni un reproche, no repetiste ni el nombre de a quien dijiste querido. Te fuiste en la oscuridad, sin encender una luz, sin un solo paso atrás, sin un instante de duda para clavarme en la cruz. Quien sabe donde andarás, pobre exhausta en tu destino, y seguro pensarás que no vale lo perdido sin embargo, te lo juro, que en las noches soñaras -reviviendo lo vivido- que renacen tus sentidos y recordarás mi voz susurrándote al oído “piénsalo un poco más, por los niños te lo pido”. De nada valió dejarme al medio casi partido, sé que no regresarás ni buscarás mi camino, otro amor encontrarás, otra cama, otro juguete, otro susurro al oído y otra vez te mentirás que en tu vida... no he existido.
Marcelo Corral
Si al destino le antojara conceder un deseo entre tantos que atesoro, que me dé lo que a diario más imploro: que te abras sin recelo a mi querer.
Tantas veces ha podido imaginar este amor que sin pausa te profeso nuestros labios fundiéndose en un beso tan extenso y tan profundo como el mar.
Ojalá que esa antigua fantasía que hace leve su carga a mi existencia de algún modo se haga pronto realidad.
Ojalá tras la noche llegue el día en el cual tu legítima presencia extermine de una vez mi soledad.
Dante Monzón
TALLER DE LITERATURA AMBIENTAL
El Taller de desarrolla desde hace 7 años
en escuelas públicas y privadas de la ciudad y tiene la intención de
involucrar a los alumnos desde el aspecto estético de la redacción y
la temática del patrimonio natural local.
UN MUNDO INIMITABLE
Están
en mí, como elevados sueños los
pasajes vividos a tu lado y
les dan un verdor tornasolado a
tus ojos vivaces y pequeños.
Vendrán
a mí, tus bien marcados ceños resaltando
tu rostro iluminado y
gustaré tu talle dibujado y
tu reír, que tiene faz de ensueños. Y
seguiré el sendero que trazaras en
tus días de tiempo incomparable, aspirando
alcanzar lo inmensurable. Ya
que tímidamente te acercaras y
junto a mí, con placidez pintaras, el
paisaje de un mundo inimitable.
Oscar
Felipe Cafiero TU NOMBREEntré
serenamente y estabas estudiando y
el nogal nacarado te siguió reflejando. Verídicas
escenas de una época sagrada vivieron
en tu mente de niña emocionada. Y
se formó en tu rostro un nido de ternura, con
sabores a tinta, carillas y lectura. Te
prometí mis versos que ensalzan la pureza de
tu mirar profundo, tu finura y belleza. Mi
libro de poesías, será de ti diadema. Él
llevará tu nombre y tu serás mi emblema. Inagotable
tema serás mientras yo escriba, y
envolverá tu alma mi letra imperativa. Cuando
llego a la costa del imponente río, el
Paraná dibuja tu nombre junto al mío. Contemplo
silencioso tu cabellera fina convertida
en espuma y en agua cristalina. Y
el río que me llega con aire de ceibales, se
lleva para siempre mis horas otoñales. Te
veo en lo más bello que la ribera ofrece, en
el viento, las olas y el verde que embellece. Entre
el humo del barco que pasa navegando, con
su color grisáceo tu imagen va pintando. Y
un coro de zorzales en musical ramaje, me
pronuncia de lejos, tu nombre en su lenguaje. IRUPÉLe
di forma a tu casco, colosal y profundo. Hice
tu arboladura y el mástil levanté. Tu
brújula dormida no marcará mi rumbo encallado
a tu suerte mi gran barco Irupé. No
existe un derrotero que señale tu signo, ni
faz de incertidumbre que corra por las venas, inmune
a los naufragios sin diario ni destino ni
ruido de engranaje tirando las cadenas. Inmóvil
para siempre, jamás podrás zafarte, solo
habrá singladura de ilusorios navíos, cuando
te vea en mis noches capeando tempestades entre
el viento y las olas de imaginarios ríos. No
se verán pizarras con orden de partida pero
con entusiasmo meditaré en tu puente. Mis
pequeños me hablaron de empavesarte un día y
te canté lo hermoso que apareció en mi mente. Oscar Felipe Cafiero
Colectivos
fantasmas, calles desiertas Meticulosas
doctrinas fascistas Farsantes,
delirantes, obsesivos Matando
un pucho de la vieja Habana, Cuba. Anti-esto,
anti-lo otro, anti-vida Matar
criaturas tenaz locura Personajes
charletas en cofradías Apareciendo
fúnebres al otro día. Nacionalistas
de una nación que no existía Con
sus anhelos y su añejo entre las axilas Y
abajo el pueblo llorando penas que apetecía La
Dictadura mejor signada como etílica. Abogados
del diablo, masoquistas Psicóticos,
devotos armamentistas Apareciendo
en la tele burlando vidas Tal
cual lo hacia la dictadura etílica. Y
sin esmero fue un desespero, Haber
cubierto tantas orgías Noches
de sexo convalidadas Por
30000 vidas aquellos días. Recordemos
sus palmas, ese vasito matando flias. El
mismo que corrompía en su coraza, Aquel
tal cual que de morapio, Sólo
tenía el color de un tinto. Feroz
réspice, feroz tortura Aquellos
días de locura, De
mucho alcohol y poco sol, Que
te bautizaron dictadura etílica. Y
así estos días llegó el final, La
pena alteza que merecían Que
dictaré como lo hacían Aquellos
morbos en sus días. Ya
todo ha terminado, Las
palabras no se censuran Aferraos
a la justicia, Juzgaremos
aquellos días. Eric Lagorio
Mujeres afinando sus cacerolas, Contrastes de un sillón bañado en oro, De un bastón tallado a mano, Un esmoquin importado. Niños llorando agua turbia, Contrastes del movimiento privado, La Play Station y los Chivenchi, Ignorantes de un mundo fraccionado. Contrastes sociales en el anonimato, Escondidos bajo las alfombras de las empresas, Masacrados por una galaxia consumista, Y un carácter guerrillero que disloca. Contrastes sociales fieles al llanto, Artos del referéndum de los políticos Y el protocolo de los eclesiásticos. Hombres accionando rifles, Destrabando cementerios de pólvora, Contribuyendo y a la vez padeciendo, El contraste que los agobia. Ancianos, los últimos del mapa, Tan fieles a su estilo solo quieren paz, Un hijo doctor, una obra social Y no piden más. Contrastes sociales en mis entrañas, Solicitando bloquear ciertas imágenes, Tal vez un niño pidiendo algo o Al mismo Bush balbuceando.
Eric Lagorio
Como jamás nadie conservó mis dudas, Aquella mujer quien enfrió mi indecisión, Sepultó en el sofá cama de las noches, El incrédulo hombre que sus dudas subastaba. Tan ilógica cual operación pitagórica, La que formaban los catetos en nuestra hipotenusa, Donde los grados llevaban las dudas, Y el cálculo del coseno hundió el temblor. Las sombras en el sótano de las migajas, Donde cada cual corrompía con un augurio en mis entrañas, Allí las dudas encrucijadas en mi coraza, Allí tal cual surgían tus miradas. La erupción de las calles ya no concebía lava alguna, Los ojos del ajeno no pesaron en mis pasos, Mis tallos habían burlado las ramas, Las dudas criticaban al infierno. Catapultaste con tus ojos mis llantos, Bautizaste en mí las sonrisas, Y al cabo de la cirugía con tus labios deletreaste, Lo que al fin sería el punto de sutura, Aunque tú no portabas master en medicina, Anestesiaste con tus ojos mis angustias.
Eric Lagorio
EL
AMANTE Tantas horas confundida, viendo al viento recorrer en penitencia el doler: No saber con claridad, Lo que llaman soledad; Cómo se siente el perder. Una Rosa siempre ingenua no sabe porque lloramos, nunca jamás encontramos nosotros una razón: por qué llora el corazón; por qué nosotros amamos. Y sin mas siempre está ella en un historia de amor siendo parte del sabor y es un orgullo el tenerla, tener su aroma y saberla como un regalo de amor. Con colores de ocasión renueva el ser de Jesús, porque su tallo hace luz a los amantes infieles, que no pueden ser más crueles para atarlos en la cruz. Ingenua Rosa qué piensas de lo triste y los placeres, qué es eso que la mujeres anden dejando las penas: de sus hombres, en las venas; de su tiempo, en los saberes. Oye lo que digo amante: no me gustan los delirios, la tristeza es un martirio, que nos toma prisioneros con temores altaneros, sea rosa o flor de lirio. Yo soy una rosa ingenua, mi poca sabiduría la obtengo de aquellos días que el sol es al cielo vano, cuando me entrega un cristiano al amor que no tenía. Sin embargo puedo hablarte de los placeres si quieres cuando amas sientes que mueres, y en una caricia alegra, aquella pasión tan negra, que establecen las mujeres. Hay rosas que no presumen, que usted los sepa es preciso la pregunta que me hizo trataré de contestar, ¿soledad quiere llamar: a lo que usted solo quiso? La soledad es la angustia, que no duele al corazón... sino en el alma es razón como una lágrima al viento, que aclara el entendimiento de
lo que no es perfección. Cristian
Gabriel Frau
La vida es un mar de dudas Es un gran desierto que posee muchos espejismos Espejismos que nos fuerzan a volar de la realidad Para encontrar un lugar mejor Lejos de toda complicación Lejos de los problemas Lejos de la realidad….. La vida nos da muchas sorpresas Unas buenas, otras no tanto… La vida es para vivirla Aunque varias veces no decepcione La vida se basa en las decisiones En el bien y el mal En lo q es bueno y malo En fin La vida es un remolino Q nos lleva volando por los vientos Nos lleva a un viaje en el que no hay retorno A un mundo lleno de nuevas expectativas De nuevas sensaciones, nuevos sentimientos La vida es un puñado de nuevas cosas… La vida lo es todo… Y uno no es nadie para quitarla.. Nacemos un dia y morimos otro Pero cada dia hay algo nuevo en ella Y en el dia a dia Se pueden conocer personas excepcionales Personas que te cambian la vida Que te dan fuerza de seguir… Te dan las ganas de vivir pase lo q pase… Lionel Nicolas Maciel
EL
TIEMPO NO SABE DE HISTORIAS Y MIEDOS, EL
TIEMPO ARRASA CON VIDAS Y SUEÑOS, EL
TIEMPO TE ALEJA Y FORMA OCEANOS, TAMBIEN
TE ACERCA Y PROMETE REENCUENTROS. EL
TIEMPO NO PARA PARA EL PENSAMIENTO, TE
APURA A DECIR Y HACER SIN QUERERLO, TAMBIEN
TE DA FRUTOS DE LO COSECHADO, TE
AMARGA O ALEGRA DE LOS RESULTADOS. EL
TIEMPO ES AMIGO PARA OLVIDAR, Y
UN GRAN ENEMIGO PARA DISFRUTAR, TE
CORRE Y APURA TU PASO AL ANDAR, Y
HACE QUE AFLOJES TU INTENSIDAD. AHORA
QUE PIENSO EL TIEMPO ES ESCUSA, PARA
LOS COBARDES QUE TEMEN DAR LUCHA, EL
TIEMPO ES TESORO QUE MARCA TU VIDA, TE
DEJA RECUERDOS,LOGROS,ALEGRIAS. SI
UNO SUPIERA ENTENDER AL TIEMPO, SABRIA QUE EMPIEZA Y TERMINA AL SOLO QUERERLO... Cintia Echaniz
La Ausencia sólo duele cuando muere la Esperanza… En cada pequeño amor de mi camino clavaré una cruz como señal para guiarte. Te estaré esperando en la terminal de todas las distancias, donde pierden sentido las banderas, donde finalmente se guardan las valijas, donde mueren todas las fronteras. Juntaré ramos enormes de marchitas soledades y con inmensas hogueras de Adioses te daré la bienvenida. Serás primero un punto en mi horizonte, el lucero del alba, e irás bajando dificultosamente las colinas de tu vida, inventando atajos hacia mí. Al verte próxima me pintaré una sonrisa, la mejor. Sé que vendrás caminando muy despacio, sabiendo que son tus últimos pasos. Levantaré mi mano -vacía de senderos intrincados- hasta detenerla a un instante de tu rostro, y así, te soñaré casi por siempre. Primero llegará tu boca, punto inicial de todos mis destinos, a matar su sed en la mía, sedienta de tantas travesías. En tu mirada, reconoceré el Apocalipsis de mi vida. Extenderé los brazos tan ampliamente que tendrás miedo de perderte en ellos. Ya por siempre residente de mi abrazo, susurraré en tu oído “No digas nada”, se detendrá el tiempo y ya no habrá mañanas. Luego despertando muy de a poco, mis dedos jurarán que eres real. Ya no te iras, mi querida bienvenida. Se hará el milagro de transformar pies en raíces, de crecerte mil ramas como brazos, de vivir solamente para el fruto. …pero en la Espera puede caber todo el Amor. Marcelo Corral
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Cuando
el "Quico" Soria fue destinado a realizar tareas callejeras,
encontró el compañero ideal.- Hacía
poco mas de dos años que había ingresado en la Policía y su labor se
limitó,hasta entonces,a formalidades de guardia,acarreo de papelería a
algunas oficinas públicas o simplemente a comprarle cigarrillos o cebarle
mate al oficial de turno.- El
Cabo Rubén
ya casi era un antiguo de siete años.Hicieron buenas migas,no
obstante la jineta que, éste último lucía casi indiferente. La
nueva actividad que le tocaba desmpeñar,atrapó a "Quico".- De
la rutina,
pasó sin transición a una especie de vorágine.Permanecía el
mayor tiempo de sus turnos en la calle, a veces solo y poco a poco,cada vez
mas en compañía de Rubén que,como superior jerárquico,se las arreglaba
para eso.- Haciendo
seguimientos,disimuladas vigilancias (vestían de civil), de personas y
lugares, recorrieron juntos toda la población y los momentos de espera
charlaban de sus cosas, ideas, ambiciones, proyectos y porqué no:
sueños.- No
podría decirse que la conducta moral de ambos era la de dos Franciscanos,pero
tampoco el tufillo de la corrupción generalizada los había
envuelto;sin embargo coincidian en la idea, que si alguna oportunidad se
presentaba para
"sacarle el jugo" al cargo,lo harían,siempre y cuando no
se embarraran demasiado .- Eran
jóvenes, pícaros, joviales y "entradores" con las mujeres, por
eso cuando el Jefe les encomendó la vigilancia de una tapera de los
andurriales, por sospecharse que allí dos
mujeres ejercian la prostitución,aceptaron la comisión con
disimulada obediencia formal.- Era
invierno, medio temprano nomás, al caer el sol rumbearon para el lugar.- La
casilla de las presuntas infractoras, estaba ubicada en la mitad de una
cuadra, que limitaba una manzana sin otra
edificación.- Los predios de enfrente tambíen eran baldíos; en suma, no
había sitio
desde donde espiar sin ser vistos.- Decidieron
pasar por la casa. Caminaban despacio para hacer tiempo. Cuando llegaron, observaron dentro, un par de chicas
jóvenes, con obvios
atuendos "profesionales ". Siguieron su rumbo. Al finalizar el
recorrido de la cuadra, cayeron las primeras gotas. -Rehicieron el camino pués
dada la lluvia y el lugar, supusieron
que las muchachas, esa noche, se quedarían sin clientela y por lo
tanto la investigación frustrada.- Al
repasar la casilla, el aguacero arreciaba, silenciosos relámpagos
iluminaban la
escena y presagiaban una noche entera
de lluvia.- Una
de las mujeres,casi en la puerta,los invita a pasar "para no mojarse" dice y ellos, cancheros,
le contestan que andan en otra cosa y no en eso.-La
restante chica les confirma lo que suponian,al decirles: "Esta noche
no viene nadie. Vamos a estar solas y por una vez bíen podemos
divertirnos. Pasen....Pasen
Pensaron que si entraban se iban a embarrar menos que si seguía
caminando
bajo la lluvia,en ese fangal.- Cuando tres días después Rubén elevo el informe a su superior,dijo: "Que constituidos en el lugar indicado....en compañía del agente Soria...-practicadas las averiguaciones pertinentes.... escuchados los comentarios de los vecinos.... se ha llegado a la conclusión que durante las tres jornadas, en que se llevaron a cabo, las habitantes del domicilio en cuestión, en efecto, recibieron la visita de hombres, pero no con el ánimo de ejercer la prostitución, sino por solo gusto de hacerlo. -Dios guarde al Sr.Jefe.-" Horacio Salvador Dileo
Golpeas
al muro con un retrato en llamas. Deja
de escarbar en la oscuridad, en el tumulto De
caricias y espejos, en el deseo sin límites, Sin
respuesta jamás. E.
Molina Un lugar. Rocío. Champagne. Limón. Sonrisas frescas, mariposas nocturnas, jugando a las escondidas en un laberinto de pasillos. Después el viento y la cara pegada al techo astral. A lo lejos, desde la ruta o la vida, se veía brillar como luciérnagas las luces de los barcos pescadores, al otro lado del lago. Una pintura perfecta no soñada por Dalí. Imaginé un hombre solitario bebiendo para olvidar, ¿o para resistir? Quizá todo lo contrario: tratando de permanecer lo más lúcido posible. Sabía que era protagonista de esa obra que nunca fue. Seguramente el también nos presentía allá por el camino. Se preguntaba ¿por qué tanta prisa? ¿Para qué correr? Sus palabras parecían ser traídas por una ráfaga, pero no quise oírlas. Así que los días rodaron. Primero fueron despreocupados y olían a resina, a pinar salvaje y virgen. Luego vino un tiempo vehemente, una hoguera…promesas gravadas con fuego. Inevitablemente le sucedió la tormenta. Los truenos presagiaban descargas eléctricas, justo allí al centro del cuerpo. El rayo llamó a la lluvia y no paró el vendaval. Lavó el mundo, las piedras rodaron cuesta abajo como un río crecido. Arrasó el alma y el hechizo se rompió. La Tempestad según Shakespeare, el viejo que supo del amor y su hijo el dolor. En aquellos días nuevos, donde todo nace inocente, fue cuando esta historia comenzó. De repente nos encontrábamos en una habitación rodeada de gente que se desvanecían lentamente como un lienzo pintado con acuarelas bajo una cataratas de palabras que se llevaban a su paso cada color. Sólo quedaban las líneas simples, aquellas trazadas primitivamente por el hombre enloquecido que no encontraba forma a su interior, que se miraba al espejo y ya no era él, sino tan solo una imagen distorsionada al hilo de luz de una vela. El televisor paradójicamente nos unía. El viejo cowboy, rey de la avenida, (testigo de mujeres, dinero, muerte, alcohol, ruletas incontrolables girando fuera de su órbita marcando destinos, desdichas y algún pequeño placer) no dejaba de quitarse interminablemente su sombrero allá en las alturas del viejo hotel, bajo las luces de neón. Las Vegas era las dos caras de una misma moneda. Nadie escapaba a su espantosa belleza. Fue cuando descubrí su tristeza al verlo perplejo ante aquella imagen típica en Tarantino. Algún día había caminado por aquellas calles y ahora estaba condenado a vivir en Estrella de Piedra, páramo espectral, réplica de aquellos pueblitos a la orilla de la 66 donde todo lo que queda es una vieja estación de servicio y viento, con la diferencia de estar en el tercer mundo, donde no se ven Cadillacs ni damas con pañuelos rojos. Dónde cada uno sueña con lo que puede. La película era un golpe bajo así que la cambiamos. Ghost estaba empezada, lejos de ser una gran historia del cine francés, a esa hora donde sólo los perros se adueñaban de las callejuelas no estaba tan mal. Sólo un pretexto para permanecer juntos y aguantar hasta el amanecer. Todos sabemos que con la luz del alba sobreviene el optimismo. Así que me quedé, ofreciendo caricias como antídoto o al menos consuelo. Con paso firme entré al país del que más da. Supe desde el primer momento que cada instante era perfecto y que inevitablemente se me iba entre los dedos como granos de arena. En tan solo cuatro días todo terminaría. Con la lucidez suficiente me entregué al dulce juego. Él era tan joven que nunca hubiese imaginado que a esa edad ya sabia de despedidas. No vale la pena escribir sobre besos y escenas de telenovela barata a las tres de la tarde. Fuck off! ¿Qué importaba? It was just fine… Todos merecemos un poco de amor pintado, de Julieta en el balcón, de encuentros desesperados y tragedia. Inmediatamente se empezó a tejer el adiós. Sólo quedaba en el aire un perfume, humo, y Adela en el Carrusel. Game over Do you want to restart? Aquel hombre solitario en su casa flotante tenía razón. Para qué correr si al fin sólo somos títeres en este gran teatro. No podemos escapar. Alguien nos escribió un fugaz re encuentro tan solo para demostrarnos una vez más la belleza desoladora de su obra. Luego lo entendí. Ya estábamos en distintas veredas. Pero desde el otro lado vi sus ojos, sonreía inocente como siempre. Y ya no volví a preguntar por qué. Alma Sin FinTodo comenzó una noche como cualquier otra. Yo estaba en un boliche con amigas. El cansancio cerraba mis ojos, cuando de repente, un morocho de ojos verdes, mas alto que yo, pelo largo hasta los hombros, era lo único que yo veía a mi alrededor. Mi tipo físicamente ideal. ¿Estaba soñando? Si así hubiera sido desearía no haberme despertado jamás. De a poco, un saludo, una palabra, una mirada me hacían sentir una mezcla de felicidad con ... con no sé que. Algo en mi interior estaba sucediendo. Algo que nunca antes me había pasado. Los días pasaban y las noches también. Y la duda se transformaba en certeza. Y las preguntas hallaban sus respuestas. Y lo que yo sentía aumentaba cada vez más. Hasta que llegó el gran día. Lo que era solo mío, ya no lo era; comencé a compartirlo una noche de abril. En ese momento, sentí que ni Dios ni la vida podían darme nada mejor. Simplemente porque ya lo tenía TODO. Si, te tuve entre mis brazos. Pude mirarte, besarte, quererte. Quise ofrecerte un mundo mágico, lleno de momentos felices y no me dejaste. Había algo que no estaba funcionando. Con tus abrazos me decías TE QUIERO, pero eso era lo único que yo tenía. Y de eso me aferré para no dar el primer paso. Y de golpe (porque fue de golpe), dijiste algunas pocas palabras que no entendí pero que me mostraron que ya no éramos nada (ni siquiera amigos porque yo no quería ser tu amiga). Pero bueno, eso era lo mejor... ¿mejor para quién?. Al verte luego de una semana, sentí que el mundo se venía abajo. Aunque, rodeada de gente, yo me creía sola en la Tierra, viendo como se rompía en 1000 pedazos. Ya mis lagrimas inundaban mis ojos y yo sin poder comprender. Estaba llorando ¿por un hombre?...¿por amor?... Mis
días siguientes fueron eternos. Soledad, desgano, tristezas. Mis noches
demasiado oscuras, vacías, interminables. Cada vez que te veía, mi corazón
se rompía un poquito más. Me di cuenta que TE AMABA y te necesitaba
mucho mas de lo que alguna vez, vos o yo, podríamos haber imaginado. La
vida continuaba y entendí, después de un largo sufrimiento, que tenía
que intentar ser feliz aunque no estuviese conmigo. Después de todo, solo
tenía 16 años y toda la vida por delante. Viaje al sur, conocí gente
nueva, encontré muchos amigos tuve “mis” historias y hasta un marido.
Si me casé y tengo 4 hermosos hijos y hasta nietos. Hoy, después de mas
de 50 años regresé a mi ciudad natal. Hoy, después de mas de 50 años
te digo que jamás pude olvidarme de vos y, a esta altura, no creo que
pueda hacerlo. Fuiste mi 1º amor. El único. No sé bien cuando. No se
como. Tampoco el por qué. Sólo se que me atrapaste y, a días de mi
muerte, no me puedo soltar. La pregunta es: desde allá arriba...¿seguiré amándote? Luciana
Ferrieri I. Por
el naciente, el pago de los Arroyos, que se extendía desde el río Arceo
al sur hasta el arroyo Saladillo al norte, termina abruptamente con la caída
a pique de la barranca ribereña. Una punta de ésta penetra en el acuoso
cuerpo del Paraná, como una puñalada pampeana, obligándolo a doblarse
en ángulo y desde el vértice de esa figura geométrica dibujada por la
naturaleza, una querandí ve por primera vez, con sus ojos instintivos y
azorados, el paño latino de la carabela de Gabato que surca al fluvial
camino rumbo al septentrión. Mucho
antes que ello sucediera, el río ya había nacido y como queriendo
afirmar que el destino del hombre es la unión con sus congéneres, -bajo
pena de destrucción-les marca al Grande y el Paranaíba un solo
derrotero. Las orillas de nuestro río después de cientos de kilómetros
de recorrido, se encuentran tratando de enderezar la línea quebrada que
el empuje de la lejana cordillera ha marcado en su curso. Entonces,
el río, antes de obtener su libertad absoluta en su fusión con el Plata,
preludio de la emancipación total en la salada mezcla unificadora, discurre,
ora manso, ora arisco, a veces presuroso, otras cansino, junto a las
barrancas donde el indio buscaba ampliar para él y los suyos el volumen
de sus primarias alimenticias necesidades. Surcando
el tiempo que también es camino-río, el descubridor español, que
asombra al aborigen, se transforma en conquistador y más luego en
colonizador y uno de ellos, don Rafael de Aguiar, en predio heredado por
su cónyuge, funda San Nicolás allá por 1748. Allí a mediados de la
novena década del siglo XVIII, nació Rosa Olmos. II. Era
el penúltimo verano de aquel siglo; ese calor húmedo y pegajoso, propio
de la zona, que se adhiere a la piel como angustia y necesidad al mismo
tiempo, se había posesionado del espacio y de los seres ,desde dos
semanas atrás. Rosa era las más joven de las tres hermanas Olmos,pero la
apreciable diferencia de edad con las otras y casi simultáneamente la
muerte de la madre y su nacimiento ,habían convertido su relación con
ellas más en filiatoria que de hermandad.Por ello, su soledad
generacional se apreciaba casi como algo concreto. Desde
sus primeros años debió hasta jugar sola ya que la severidad de su padre
le impedía compartir la alegría infantil con vecinas o amigas y para las
travesuras naturales de un niño ni siquiera contaba con la complicidad de
sus hermanas que se dedicaban a desempeñar su papel de doble madre, por
supuesto con las carencias que ello implicaba. Y ese día el calor era su
aliado; la siesta comarcana había soterrado en el interior de sus
viviendas a aquellos que no soportaban al aire libre esa humedad caliente
que envolvía el paisaje.Las polvorientas calles del pequeño poblado que
se entrecruzaban y formaban un damero multicolor, pero de tonos
apagados,no obstante la intensa luz solar que las cubría ,se hallaban
desiertas .Las que corrían paralelas al río y las que partiendo de él
se alejaban, parecian perderse en su imaginaría prolongación ,en las
inmensidad pampeana. Sólo aquellas mismas ,que haciendo el recorrido
inverso,se acercaban al viejo y permanente paseador acuático,tenían un
atractivo especial. Rosa ,en esta oportunidad,escapada de la casera
vigilancia,como muchas otras veces,habiase alejado entonces ,más que de
costumbre y amparada en la sombra de paraísos y acacias ,rumbeó para la
orilla del río por la bajada "de Aguiar" ,llamada así porque
éste la había hecho trazar para que su ganado abrevara en las allí
mansas aguas. Cuando Rosa llegó al límite donde se tocan la tierra y el
agua ,sintió una emoción ancestral al chapotear con sus manos aquel
abundoso líquido que hasta entonces había visto solo desde lejos. La
edificación pueblerina era chata ; similar a las inquietudes espirituales
de la mayoría de sus habitantes ; pero cuando Rosa vio el río de cerca y
lo tocó , se
dio cuenta que no era "chato" como la población ; para ella el
río no era horizontal ,sino vertical y vislumbró en sus sueños casi
visibles que el podría traerle ,como caído del cielo ,en cascada , la
felicidad ,en brazos del amor presentido. Sin embargo su ensoñacion no le
alcanzó para comprender que si el río puede traer ,también puede
llevar.Agitada ,por el temor de ser sorprendida a su regreso y al mismo
tiempo por el despertar de sus primeras manifestaciones eróticas , Rosa
casi corría para volver a su casa,después del éxtasis fluvial que a
pesar de su corta duración a ella le había semejado una eternidad. Reacomodose
en la casi fresca penumbra de su cuarto, con posterioridad a una
silenciosa, sigilosa y casi reptante entrada y esperó con las ideas
revueltas , el fin de la siesta. Pensaba:
el río es único ( aún sin saberlo ,vislumbraba que era conjunción de
otros ríos menores y que esa unión transcurría ejemplificadora
recibiendo adhesiones guaranitícas ,calchaquíes ,charrúas y querandíes.)
y esa confusión entre unidad y unión le hacia intuir la llegada de aquél
que con ella conformarían uno solo .La felicidad , en fin ... Pero
como si en verdad lo sucedido hubiese sido un sueño , a la hora de la
comida, un brusco despertar hechó por tierra su onírico idilio con el río
.Don Pedro Olmos ,esa noche ,en la mesa familiar comunicó a sus hijas que
al día siguiente dejarían el pueblo para dirigirse tierra adentro , a
los "Pagos del Salto", donde se haría cargo de una posta
,conchabo que le encomendaba una empresa de transporte por galeras . Disimulando
su tristeza partió Rosa obediente al mandato paterno ,sin dejar de pensar
que quizas ya nunca volvería a ver a su río único" ni conocería a
aquél que él le traería algún día . III. Los
Sepúlveda y los Arce eran familias casi de abolengo de la España
colonialista y no bien el contrato matrimonial asoció a Juan y a María
,los recién desposados partieron hacia Chile para ocupar allí , el lugar
feudal que la organización social de la época les tenía reservado ; en
la capital de la capitanía indiana nació Francisco ,en el primer mes del
primer año del siglo XIX. A
raíz del movimiento independientista chileno ,Francisco Sepúlveda y Arce
, a pedido de sus padres emprendió el camino del exilio bajo la protección
de José Miguel Carrera ,amigo de la familia.El espíritu aventurero y el
nomadismo político del caudillo chileno influenciaron marcadamente ,el
carácter del aún púber Francisco y lo inclinaron a la toma de
decisiones repentinas y apasionadas en lo que fue su corta existencia. IV Cuando
José Miguel Carrera emprendió el camino ,rumbo a los EE UU ,en la búsqueda
de la financiación de su sueño de gobernar Chile . Francisco quedó en
Buenos Aires,bajo la custodia de la hermana de aquél ,doña Javiera
Carrera de Valdéz. Los
años que el jóven pasó a la espera de Carrera , en casa de su hermana
,le sirvieron para suavizar su casi rudo trato de incipiente soldado.Las
frecuentes reuniones político-sociales que se llevaban a cabo en la
residencia de Valdés y a las cuales doña Javiera no olvidaba nunca de
invitar algunas niñas jóvenes y hermosas ,que servían al mismo tiempo
como disimulo de actividades que no eran precisamente sociales y de compañía
para el adolescente Francisco, dieron a éste la oportunidad de ensayar
las meras escaramuzas de la lucha amorosa a la que inexorablemente se ven
expuestos los frecuentadores de salones de sociedad ,usando el lenguaje
almibarado que la ocasión hace propicia. Al
regrresar su tutor dativo,éste ,cortadas sus aspiraciones por diversas
causas, encontró amparo a sus designios, desde de su punto de vista, en
la pseudo protección armada que le brindaron interesadamente los
caudillos Ramírez y López quienes vieron en Carrera una ayuda militar
,dado que el chileno , gracias a su impetuosa personalidad había
conseguido instruir un regimiento de connacionales , que a partir de
entonces y por un corto lapso , figuró en los fastos de la historia
argentina, con diversos matices. Francisco
,veinteañero y fogoso fue ayudante de campo,una vez más, de su protector
e ídolo, en Cepeda y con desaprensiva negligencia con la que el pavo real
despliega su abanico trasero multicolor ,entró junto a sus jefes en
Buenos Aires ,luciendo los adornos de su flamante uniforme de primer
teniente , ganado justicieramente por su valentía en el reciente
entreviero . Los avatares de la lucha político-militar de esos días
,llevaron a Francisco a ser poco más o menos el Jefe (por delegación de
Carrera ) del regimiento de chilenos que , entre otros, ocuparon el
poblado de San Nicolás ,después de Cepeda ,hasta el 2 de Agosto de 1820. V El
tranquilo y rutinario transcurrir de los días en la posta ,se asemejaban
a esas plácidas y monótonas lloviznas de fin de Otoño en el lugar .
Situada en el camino real a Córdoba, a unas cincuenta leguas de Buenos
Aires y casi a otras tantas de San Nicolás ,en los lindes del territorio
indio, la quietud sólo era turbada por la periódica llegada de los vehículos
de pasajeros que ,además de hacer nacer el trajinar propio de tales
ocaciones,acercaban noticias que eran motivo de charlas durante algunos días
.Así se supo de la caída de Cisneros y de la formación de la Primera
Junta. El
reclutamiento de tropas en los campos cercanos y la presencia próxima de
algún regimiento rumbo al Alto Perú ,alteraron en parte el régimen de
vida impuesto por las circunstancias ,pero sólo a partir de 1815 las
condiciones de estabilidad se hicieron realmente peligrosas ,en especial
para las mujeres. Las luchas intestinas comenzaban y los caudillos
federales del litoral y la banda oriental eran elementos cada día más
intranquilizantes para la vigencia del gobierno porteño y la paz de la
campaña del norte de la provincia de Buenos Aires. Rosa
Olmos pasó todos esos años sin pena y sin alegría.Sus relaciones con el
sexo opuesto se limitaron a cachondeos verbales con algunos ocasionales
viajeros de lenguaje fácil e insinuante. Cuando
ellos ,como descanso del viaje buscaban la amodorrante frescura siestera
de la cocina-comedor de la posta; allí además de tomarse cuenta por boca
de los viandantes de los últimos acontecimientos habidos,se
intercambiaban con las mujeres frases con segundas intenciones ,muchas
veces mal disimuladas ,pero, por lo menos para ella, nunca concretadas. VI Cuando
el Directorio cayó y el Congreso de Tucumán (por ese entonces sesionando
en Buenos Aires ) delegó el mando en el Cabildo de la ciudad porteña ,
ya había pasado más de un año desde que Rosa y sus hermanas residían
en San Nicolás , alojándose en casa de unos amigos ,casi parientes de
don Pedro Olmos ,quien allí las había regresado en salvaguarda de su
seguridad. Fue
justamente por esos tiempos, cuando el Congreso, aprobó un proyecto del
presbistero Antonio Saenz y declaró ciudad, a San Nicolás,el 23 de
Noviembre de 1819.- Aquella
niña que una vez visitara el río con la congoja y el asombro de sus
catorce años , era una mujer hecha – o no? – y al volver a verlo
recordó todas aquellas ensoñaciones de la pubertad y sintió como cosa vívida
sus premoniciones referentes a la verticalidad de aquel curso de agua que
ella palpó por primera vez en esa pegajosa jornada canicular de Enero de
1799. Recrudecieron en su mente todos los detalles de su sueño –deseo y
quedaron nuevamente abiertas sus esperanzas de la llegada del amor
anhelado ,en brazos de su no tan lejano conocido : el río ; y al que ella
hubiera querido sentir amigo. VII Aquel
apacible domingo de Mayo después de la misa de siete,pareció ejercer un
influjo especial en el ánimo de Rosa. A pesar del tiempo transcurrido y
la no presencia de su padre , la prevenciones de él ,en el sentido de no
alejarse de la casa ,sin el permiso del caso, todavía pesaban y más aún
si se tiene en cuenta que el pueblo ,ahora , se encontraba ocupado por
tropas enemigas de Buenos Aires y para colmo , la mayoría de ellas
extranjeras. Sin embargo , no obstante tales circunstancias , al salir de
la iglesia , en vez de retornar al hogar , optó por dirigirse al río .
Cruzó las calles en diagonal y caminó hacia la vereda de enfrente de la
plaza , buscando el amparo de la sombra que a esa hora se proyectaba en
ella . Sólo tenía que recorrer una cuadra para alcanzar el comienzo de
la "bajada de Aguiar " llegó allí con una ansiedad difícil de
explicar y al doblar a la derecha para emprender el suave descenso , vio
como una explosión luminosa :el reverberar del sol en la superficie
del río eran innumerables y titilantes ojos que la miraban desde el
infinito de los tiempos . Y contra ese telón rielante , enmarcado por los
verdes arbóreos e isleños se dibujaba una silueta humana que parecía
emerger de la aguas , calzada en un par de botas negras lustrosas y
reflectantes , vestida con un uniforme militar rojo ,con las charreteras
correspondientes a un primer teniente del regimiento de dragones chilenos
que ocupaban el pueblo y rematada con un quepis con visera ,también negro
como las botas.Esa visión en las condiciones ambientales que la envolvía
, semejó a los ojos de Rosa , un ícono pagano. Pero esa fugaz impresión
se diluyó al instante cuando la misma, dirigiéndose hacia ella le dijo,
con suave y dulce voz y en forma cordial y amable : " buenos días ,
niña ". Francisco
había terminado la recorrida por los distintos puestos de vigilancia y
regresaba al cuartel cercano casi a punto de finalizar su guardia.El
tropezarse casi de sopetón con aquella mujer le produjo una inmediata y súbita
sensación de alegría,por eso el espontáneo saludo que le dirigió y al
mismo tiempo temió,vaya a saber porqué , que ella no le correspondiese;
sin embargo la fogosidad
juventil del chileno y la memoria de aquella fiesta de ensoñación en
Rosa, se atrajeron inexorablemente.El común temor-de parte de ella que lo
que
veía no fuera real y de parte de él ,la falta de respuesta-
desaparecieron enseguida y el diálogo surgió cálido y simple ,como
entre quienes se conocen desde hace mucho. Lo
demás fue claro y consecuente ; como el río ese día , como el río de
siempre.El encuentro tranquilo y tumultuoso de Rosa y Francisco encerró
en sus entrañas y exteriorizó en el medio ambiente que lo cobijó,los
extremos de la letanía y el disparo del fusil ; de un amanecer sin
quebrantos y un crepúsculo tormentoso ; de un pasado sin promesas y un
futuro incierto ; de un parto tranquilo y una muerte escabrosa ; en fin
,lo de Rosa y Francisco fue amor. Muchas
jornadas del inquietante otoño lugareño los encontró contemplando,
desde lo alto de la barranca ,las salidas y puestas del sol ,pero llegado
el invierno de aquel trascendente 1820 , parecía que el frío propio de
la estación tendía a separarlos ,no por el deseo de ninguno de ellos
,sino como un final ineludible. En las postrimerías de Julio los
ocupantes de San Nicolás recibieron
noticias ciertas que Buenos Aires intentaría recuperar el poblado y en la
noche del primero de Agosto sabían a ciencia cierta que tal presunción
era mucho más que eso .Francisco conocedor de tales antecedentes buscó
con ansiedad el reencuentro, una vez más ,con su amada nicoleña
,sabedor, más por intuición que por sabiduría militar , que esa noche
podría ser la última de su aparejamiento intercordillerano. El
bravo y mordáz Dorrego recuperó para la causa porteña el caserío de
San Nicolás aquel 2 de Agosto de 1820, no sin antes haber hecho a partir
del alba tres cargas de caballería . Los
cantones y trincheras que resistieron hasta el final en la plaza pública
esos ataques , no pudieron soportar el ímpetu del después famoso
fusilado, quién, en definitiva, quedó dueño del lugar. Como
saldo del combate ,al atardecer del día señalado ,quedaron como
prisioneros alrededor de 200 chilenos ,pero para congoja de Rosa , ninguno
de ellos era Francisco. Acampados como prisioneros en un potrero ubicado
entre el nacimiento del riacho Yaguarón y la desembocadura del Arrroyo
del Medio, los derrotados de Carrera esperaron resignados su futuro. Rosa
,por su parte, se enteró, sin ninguna duda que su Francisco no estaba
entre los vivos de "La Horqueta", pero por boca de una vieja
espiona de parejas barranqueras supo que su amante ,peleando y peleando se
quedó sin piso y cayó al río ; arrinconado ; desesperado , con su
pensamiento dividido en Rosa y la supervivencia. Cuando
Rosa , ya toda mujer,tuvo el convencimiento "eterno" que
Francisco había muerto en la batalla , tampoco tuvo dudas que aquél que
le había traído el río, éste ,también se lo había llevado. Fin. Horacio
Salvador Dileo. Fue hace varios soles ya que han llegado, estas extrañas criaturas que en tanto se nos parecen y en tanto difieren a nuestra raza. Su vestir, su caminar, hasta sus rostros nos son peculiares. Soy yo uno de los pocos que he aprendido su lenguaje, no es muy complejo y la verdad siempre he sido hábil para ciertas cosas. Jamás olvidare la sensaciòn que causo su llegada, sus naves enormes, sus gritos victoriosos, quien sabe los años que han estado buscando este mundo. En un comienzo todo fue maravilloso, sencillo, organizado, casi planeado, ambas especies inmersas en una profunda sorpresa. Los saludos, las comunicaciones primitivas, pura intuición, regida quizás por un dejo de respeto e ignorancia. Al poco tiempo comenzó la etapa del intercambio, no había carencias en esta tierra, sin embargo desconocíamos sus artefactos, tesoros, alimentos, no fue ilógico el proceder. Cada vez venían mas, algunos se iban, otros, muy pocos, se quedaban, maravillados por nuestro mundo, ansiosos de aprender y asentarse, nada se los impedía, ni siquiera nosotros, sumergidos en el regocijo, el orgullo y la hospitalidad que resultara de tal visita sin precedentes. Compartíamos alimentos y actividades, con el tiempo algunos de ellos comenzaron a interesarse en nuestras mujeres, sin importarnos demasiado se tornaron en no otra cosa que algo mas para compartir. Pero luego todo cambio, el toma y daca pereció, ya solo tomaban lo que deseaban mediante el uso de violencia o amenazas, muchos mas de ellos llegaban en naves de no menor tamaño que la primera y se adueñaban nuestra preciada tierra, fuimos replegándonos hacia lugares despoblados, de menor fertilidad, escaseaba la comida y el abrigo, muchos de los hombres fueron brutalmente asesinados por aquellas criaturas que se volvían cada vez mas distantes y hostiles. Tomaban cuanto veían y asediaban a quien invadiera su territorio, capturaron centenares de esclavos que trabajaban para ellos, sus armas eran harto mas efectivas que las nuestras, y sus transportes de mayor tamaño y velocidad. Comenzaron a formarse pequeños grupos de resistencia, pero no tardaron demasiado en sucumbir, después de todo su superioridad era innegable. Tanto he sufrido que llegué a formar parte de uno de esos grupos, uno de los tantos que procedieron al primero, al masacrado, al pionero. Haya sido quizás mi decisión, un fatal error, pero al menos no viviré para ver mi mundo totalmente conquistado. Al menos habrá oposición hasta que la última gota de sangre abandone mi cuerpo. Hoy atacaremos una de sus fortalezas, escasean las provisiones y las criaturas nos han conjurado algún terrible mal mediante el cual infunden a la población una lenta y soñolienta muerte. No creo volver el día de hoy, la lucha no es una de mis habilidades. Y a modo de confesión creo que jamás los derrotaremos, el mundo ha cambiado, ya no gobernamos nuestra tierra y creo no lo volveremos a hacer, con los años conseguirán someternos, esclavizarnos y quizás, hasta exterminarnos. Es por eso que ansío la lucha, pero mas que nada ansío la muerte, porque sé cual es el final de esta historia, sé que clase de seres son, como lo he dicho antes, he aprendido su idioma gracias a las numerosas conversaciones que mantuve con ellos, los conozco mas que cualquiera de mi raza, han venido desde muy lejos, y viven millones mas en la tierra que han dejado atrás, no cesara su llegada, no cederán esta tierra, no se detendrán. Maldigo el haberlos conocido, maldigo sus intenciones y sus acciones, su desvergüenza y su existencia , pero mas que nada, lo maldigo a él, al primero, a ese que todos llaman, Cristóbal Colon. FIN Siro - siro00@hotmail.com
Camino solo por las calles y no hay nadie, Observo las luces, estrellas y por única vez no me resondren. A lo lejos veo gente. Corro hasta ellos, con mi desértica sed de sociedad. Llego y los abrazo uno por uno pero nadie sonríe, Mis lágrimas caían sobre el desolado pavimento, Y en mi frente mi nombre escrito con sangre. Querrán evitarme? Porque? Ciegos! Soy yo, si, él, que dio siempre amor, Y que pensó que todo lo que dio se lo devolvieron, Ese soy yo, no se confundan! Miren a sus espaldas… quienes están? Solo buitres! Esperando su fatal caída para devorarlos y ocupar su territorio. Y ahora que pasa? Porque me miran? Soy yo, el de siempre, ese que siempre dio amor Porque se ríen? Tontos, ciegos! Miren a su alrededor? Saben el precio de lo que tienen pero no el valor! Ciegos, confundidos! Ya la hora les tocara y verán ahí si, el rejunte de momentos y de errores y no habrá vuelta atrás, Porqué arrepentirse de lo que hiciste? No! Absurdo! Arrepiéntete de lo que no hiciste, perdiste un momento, perdiste un poco de tu vida. Eso si, arrepiéntete de por vida por no mirar mas que lo que te ponen ante los ojos, sabes que superficialmente la herida no se ve, pero tu hemorragia es interna, y sangra. Sangras por dentro, y morirás, los sabes. Morirás por no poder curar esa heridas? No, por no saber como poder mirarla la cura y no encontrarla Ciegos! Ilusos! Ustedes están equivocados. Que esperan? Porque me golpean? Soy yo, si, él, el que siempre dio amor, Y pensó que lo devolverían. Que? Porque piensan eso? Estoy equivocado? No! Muéranse! Yo por lo menos creí, creí en mi mismo, creí en mi palabras, Por lo menos tenía a mis palabras en mis momentos más difíciles, No como ustedes que detrás llevan a esa gente. Quienes son? Ustedes confían en ellos? Los envidio. Lo se, si no existiera la inteligencia no existiría la maldad, así como también la mediocridad resguarda su vida bajo la monotonía de la rutina. Acaso no pueden llevar una vida aleatoria? Si la pueden, pero temen, temen a perder lo que construyeron, Quizá tengan razón, por llevar esa vida yo perdí, y perdí mucho, pero así como perdí aprendí, aprendí lo que es la vida y aprendí a ver las cosas mas esenciales, que son las cosas mas ínfimas que a simple vista pasan por común, todas esas cosas que hacen que la vida sea vida, y que puedan valorarla. Por eso no se confundan, a lo largo del camino las luces se van cayendo y siempre termina uno solo en la oscuridad. No! No miren atrás! La luz los dejara ciegos! No la miren! Tontos! La luz paso y la miraron, todo, pero todos quedaron ciegos. Y que? Como? Que yo los guíe? No, ciegos, no los guiare. Ahora no ven, pero siempre estuvieron ciegos, y nunca me rogaron que los guíe hasta la vida. Quizás, ahora si, su ceguera los haga ver la vida. Los dejare, guíense solos, como pensaban que podían hacerlo, no están ciegos, están menos ciegos que antes, quizás algún día podrán ver su interior, y ahí si dejaran de serlo. No! Salgan! No me toquen! Por mas que me rueguen no los guiare. Bueno! Basta! no insistan mas! Los guiare por el camino. Vamos caminen!
Ya hemos pasado medio camino y apenas ya empiezan a ver la vida, pero no la realidad. Como? Que? Como que consiguieron otro que los guíe? Y con migo que harán? Bueno esta bien vallan! Creen que es lo correcto? Pues vallan, pero no vuelvan, no vuelvan a pedir que los guíe. Ahora si solo camino mirando las estrellas, ellas me guían, ellas me alumbran y llenan mi interior. Eh? Con que me he tropezado ahora? Son de nuevo ustedes? Que paso con su guía? Los traiciono? Bueno síganme yo los guiare hasta la verdad. Y así como yo con ese grupo de ciegos caminamos hacia donde yo solo sabía. Síganme les mostrare la verdad! Corran! Corran! Y es ahí donde la muerte nos esperaba, en ese precipicio en el que yo una vez pensé caer. Todos cayeron. Yo caí con ellos. Observaba ese panorama de muerte y sangre y reía con migo mismo. Mi cuerpo se elevaba, era el mismo precipicio que me volvía a la vida, pero solo yo, ellos están muertos, pero quizás menos que antes. Y aquí nuevamente sigo, recorriendo estos caminos y aprendiendo de cada uno de ellos, pero de que me sirve, si seguiré siempre tropezando con la misma piedra.
Lucero
Solo cuando me encuentro a mi mismo
Ideas esbeltas resaltan una belleza que influencian en mí como persona, como objeto, como un dios. Reacciones prematuras, ideas que perduran e influencian en mí como el viento, como la luz y la oscuridad.
Es solo cuando me encuentro solo que mi mente se aísla y la música se vuelve un paraíso en el que yo deseo caminar; solo cuando me siento minúsculo al lado de una gran muralla de metal, indestructible, inmune a mis golpes, victorioso ante mi poder. Solo cuando las lagrimas son inmensos ríos de dolor, cuando el llanto le ganó a la sonrisa, cuando la oscuridad resulta ser mi amiga. Las letras se vuelven poesía cuando son deseadas, las cuerdas son música cuando son amadas. El frío busca refugio en el sufrimiento, el calor en el agotamiento, como la muerte, como la vida. Fusión del viento y de la lluvia, un poder implacable. Corrientes de arena atraviesan mi pecho cuando la solución no es encontrada. Pequeño soy ante el cielo, indefenso en la árida tierra de un mundo apocalíptico. Pero en la ilusión se basa la vida, en que el mundo seguirá girando, que la primavera no ha de faltar, que la lluvia cesará, que el sol brillara mañana y en que la luna siempre nos guiará.
Lucero
En la orilla de algún río descansa de
su nostalgia un enorme sauce, con sus ocres enramadas y tristezas en sus
declinadas hojas que parecen lágrimas. Sus brazos perdidamente decaídos
hacia el roce de las aguas, como si fuera a tocar la superficie del espejo
acuoso. La paciencia y la carga del tiempo se reflejan en cada surco
marcado sobre su corteza herida.
Desde el fondo del río se elevan
cantos de sirenas y un manantial de aroma a rosas inmensamente frescas.
Pareciera que cada gota de agua revive en una leyenda. Cada hoja que
fallece del sauce, duerme en un sueño profundo sobre los pétalos de una
belleza sumergida bajo las álgidas sábanas del amor ausente.
Érase una vez, en una época de hadas,
magos y rosas, en un mundo de bosques encantados y unicornios alimentándose
libremente con el aire liviano de poemas abstractos.
En los rincones de un gran
castillo, de alguna supremacía medieval, se hallaba un enorme rosedal el
cual siempre era visitado por la hija del rey, dueña también de aquel
inmenso tumulto de ladrillos y joyas que determinaban el impetuoso y
maravillado imperio.
La joven princesa, de alma
pura y natural, recorría todas las mañanas el jardín de rosas mientras
le cantaba al silencio, y pidiéndole al destino que pueda señalarle
el camino hacia su verdadero amor, la compañía que le hiciera ver el
mundo con los ojos de poesía.
Del otro lado de las enormes
murallas del castillo, un joven aldeano recorría todas las mañanas cada
costa del río, dibujando a través de su voz frases con gotas de melancolía
sobre la quietud de la silenciosa brisa, buscando llegar a través del
viento hasta un alma perdida.
Justo
antes de que los crepúsculos anuncien la llegada de una nueva luna llena.
En aquel día donde se desvanece el invierno y nace el calor de la
primavera. Fue en un preciso y diminuto momento cuando la joven princesa,
que recorría como de costumbre su rosedal de nostalgias, sintió el aire
espeso penetrando en su sangre, sintió como pequeños capullos de alegría
se habrían en todo momento. Eran palabras traídas por la brisa del río
hacia la quietud de sus silencios. Al ver que su voz pretendía
responderle a ese extraño soplido de vida traída por el viento, comenzó
a cantar a los cuatro puntos cardinales una melodía sin palabras, solo
una sinfonía medida entre tristeza y lágrimas de contento.
Desde la costa del río, el
joven trovador comenzó a oír lo que el viento le devolvía a sus oídos.
Sentía cada altibajo de una voz lejana, pero que lograba rozarle el alma
con cada nota increíblemente templada.
Así
pasaron los días, las tardes y las noches. Ambos se enviaban partes de
alma sobre diminutas gotas de amor expresadas con sus voces. La joven
princesa revivía en sus melodías cada vez más enamoradas, y el joven
poeta quebraba el silencio con frases desde lo profundo de su corazón.
Solo la magia de una historia auténtica permitía que la brisa, solo en
las noches de luna llena, sirviese para que ambos pudieran vivir cada
momento en la distancia como si estuvieran frente a frente. El
amor a ciegas crecía desmesuradamente. Hasta parecía que la brisa de la
madrugada, después de cada lucero de luna colmada, dibujaba la silueta de
los rostros desconocidos sobre el rocío que empapaba de alegría los
rincones del deseo.
Una mañana, el joven poeta despertó a
orillas del río, pues allí se había quedado dormido después de aquel
encuentro mágico con su amada. Despertó con palabras que brotaban solas
de su boca:
…“
mi mariposa en arrullo que has cantado desde el ocaso hasta el alba” … …“
tú, bella amada mía, renuévate el alma con cada rayo de sol en este día”
… …“
pues alégrame la vida y reúnete junto a mis ansias, acércate hacia
donde vive mi nostalgia” … …“
persigue mis pasos que te conducirán hasta las orillas de un río que he
adoptado como simple flagelo de un alma sin sombra” … …“
muéstrate ante mis ojos bella rosa mía, déjame rozarte el silencio con
el lenguaje de las almas”…
El sonido siguió resonando como una
canción desesperada. El eco se expandió por todo el bosque. Las frases
viajaban armoniosas por el aire, como rayos de sol en una mañana sin lágrimas
grises sobre el firmamento. Las sabanas blancas de un rocío inerte
abanicaron los cabellos de la joven enamorada, que al sentir como
salpicaban en sus oídos palabras susurradas por su amante desconocido,
abandono las murallas del viejo castillo para encontrar su auténtico
amor, para mirar a los ojos y ver el rostro de la figura sin sombra que el
destino había sembrado sobre su camino.
Recorrió todo el bosque hasta
llegar hacia una bajada que marcaba una pronunciada barranca con un camino
hacia la orilla del río. Pues allí diviso un sujeto sentado frente al
espejo acuoso. La princesa se acerco silenciosa hasta donde el joven todavía
no podría verla. Él dio un suspiro casi eterno, dejando grietas sobre el
silencio. La bella y joven princesa sintió el espíritu elevarse hacia el
origen de las palabras, que brotaron suavemente como solo la voz de un ángel
puede pronunciar el lenguaje de las almas: …“
aún sin ver tu rostro puedo crear tu figura entre los laberintos oscuros
de mi mente ”… …“
aún sin mirarte a los ojos puedo sentir como iluminas cada rincón oscuro
de mi alma”… …”mi
voz le ha cantado varias primaveras a tu amor, que ahora se ha sembrado en
la piel del corazón” … …”pues
he venido a ver el rostro de quien humedece cada pétalo de las rosas de
mi jardín, con rocío de néctar que me salpica los labios en cada
madrugada” …
El joven poeta se levanto lentamente y
giro su cuerpo. Enfrentaron sus miradas sin pronunciar palabras, ambos
admirados por una belleza extraordinaria. Así pasaron toda una mañana,
un atardecer en el ocaso, y hasta diminutos fragmentos de tiempo sobre el
alba.
Todos los días de sus jóvenes
vidas volvían a encontrarse hasta que el lucero cruzaba el alba. Miles de
poemas y frases descalzas,
desnudaban la piel de un amor inmensamente desmedido. Las noches en que
ambos se hallaban en la lejanía, confiaban las palabras a la brisa de una
nueva luna llena. …”es
el amor recorriendo las venas” … …”es
una gota de tu dulce alma y una vida mía eternamente fundida en tu
piel” … …”son
las horas que se hacen eternas, las cuales mis ansias no pueden saciar su
sed, la de beberte los labios”… …”es
solamente el amor floreciéndose en la sangre y llevado a cada arteria del
corazón” … …”es
ese canto de mariposa en arrullo, es ese llanto con amor en las lágrimas
y la pasión que brota del silencio ausente, cuando te encuentro
distante” …
Las frases con sabores distintos. Una
melancolía con aroma a rosas y amor desesperado, se desprendía del joven
poeta cuando pasaban noches sin poder sentir las caricias de su princesa.
Del otro lado del firmamento
de una noche sin luna llena, los agónicos cantos de sabor agridulce, se
desprendían del balcón de la joven doncella. Cantos de sirenas con
tonadas asfixiantes. Coplas de amor y finales con grises fraseos sobre las
notas de una melodía frustrante. Así recorrieron los días sin pensar más
en nada, solo un mundo creado para dos personas. Un único universo, una
única razón de existencia.
Paso el tiempo un poco más veloz de lo
esperado. Una nueva primavera estaba a punto de florecer. Mientras el amor
los elevaba hacia un mundo paralelo, sobre el suelo agrio del rencor y el
poder, el preponderante rey exaltado por nuevas noticias, desgarró la
quietud de su reino con una voz envenenada. Pues su hija escapándose de
sus riquezas para alimentarse el alma con un infortunado trovador del
pueblo.
El peso de un día más caía
sobre las espaldas de un obstinado rey inepto. Habiendo olvidado cualquier
recuerdo tierno. Cualquier gota de amor comprensible se habían agotado,
pues entonces obligado por su orgullo herido, decidió sorprender al joven
poeta para apartarlo del camino de su preciada
hija.
Fue en un primer ocaso de primavera.
Nuevamente el recuerdo del joven y la princesa. Ambos a la par a orillas
del río. Sus cuerpos soldados con caricias, mientras los labios sellaban
las salidas para que el amor nunca se escape. Solo se rozaban el alma con
susurros de silencios livianamente arrastrados por el viento.
El tardecer comenzó a
llenarse de lágrimas, quizás porque el final del camino parecía
desbastarse para ambos. Pero nunca advirtieron que desde la gran barranca,
el rey, comenzaba a recorrer
el camino hacia donde el espejo acuso reflejaba el cuerpo de la princesa y
el joven.
Fueron segundos inciertos
donde el desenfrenado rey, con un grito que fue agrietando el firmamento,
mientras sus manos sostenían una brillante espada, en sus ojos se
dibujaban las sombras de la muerte y los umbrales del averno.
Ambos jóvenes sorprendidos
por una emboscada siniestra. Y mientras el rey dirigía su filosa espada
hacia el cuerpo del joven, la princesa interpuso su pecho para salvar a su
amado. Transitaron segundos de un silencio inconsciente. El rey sintió el
impacto del metal sobre la delicada piel de su hija. La princesa caía
lentamente hacia el río. El joven poeta, sin comprender lo ocurrido,
deslizo su cuerpo por la pantanosa costa sumergiendo sus manos dentro del
agua.
El rey huyó hacia las
murallas que encierran su mundo de ironías donde nunca más intentaría
ver el sol. El joven, con la mitad del alma perdida, sujeto el cuerpo de
su amada mientras las lágrimas de sal resecaban sus mejillas. Su princesa
inerte entre los brazos, mientras la piel se apagaba despacio. Lentamente
se extinguió la vida dentro de ella. Y en el, desde aquel momento también
se esfumo cada gota de fuerza
con la brisa del amanecer. Dejo caer el cuerpo de su amada lentamente
sobre la orilla del río. Y así fue sumergiéndose cada vez más hasta
perderse, llevándose además la vida de su amado.
El tiempo volvió a correr velozmente.
Desde aquel día gris, el joven permaneció sobre la orilla del río, como
esperando que en algún momento su amada retorne, volviese a resurgir de
las aguas. Pasaron
varias primaveras, el joven permanecía firme sobre las orillas del agua.
Sus fuerzas débilmente extintas solo durarían unos días más. Volvió
a sembrarse en el aire una última
primavera para él. Levanto su cuerpo maltrecho por el dolor y el tiempo
también verdugo de su ser. Sintió un aroma a rosas que penetró
lentamente en sus pulmones. Fue alimentándose la sangre con capullos de
recuerdos, con la esencia de su amada. El
viento soplo distinto, pues se elevaron las aguas con una tempestad
formidable. La esencia del amor que esta historia fue derramando sobre el
bosque, se esparció en disímiles gotas de vida nueva sobre el suelo. La
magia reunida entre hadas y magos devolvió de a poco una nueva existencia
al cuerpo de ambos jóvenes. Como agradecimiento por haber revivido el
aire con la pasión de cada encuentro, en aquellas tardes remotas a
orillas del río. Así
fue emergiendo lentamente la figura de la joven doncella, hasta descender
lentamente como una burbuja. El
poeta tomo en brazos a su princesa, y mientras ella abría los ojos
lentamente, él recitaba sonetos que alguna vez supo regalarle. El
ocaso volvió a brillar como nunca sobre la copas de los árboles. Ambos
unieron sus almas en un beso profundo. Soldaron sus labios para nunca más
separarlos; fundidos en un beso casi eterno durante varios crepúsculos
sin atardeceres. Antes
de que el último ocaso de primavera comenzara a moldearse en el alba de
un nuevo verano, sus cuerpos se fueron desvaneciendo como un adiós sin
retorno. La
princesa se deslizo inerte, sumergiéndose lentamente hacia el rió,
sufriendo su cuerpo cambios rotundos. Fue mutando la piel en delicadas
sedas rojas, hilvanadas con el refrescante perfume de un gran rosedal.
Mientras su cuerpo fue alargándose finamente en la forma de un
tallo, convertida al fin en la más bella rosa roja. Solo era una flor
flotando sobre la costa del espejo acuoso.
El
poeta, demacrado por tanta melancolía en sus lágrimas, y sus mares de
nostalgia, quebrajo su piel hasta formársele surcos demacrados sobre su
tez. Cada llanto reencarnado en hojas decaídas hacia el agua. El gesto de
querer tomar a su amada y rescatarla del río, fue declinando su cuerpo y
decayendo sus brazos hacia la orilla del agua. Se había convertido en un
sauce con sus ramas pálidas, arrojadas hacia donde revive su amada, con
rasgos de rosa… y por el resto de sus días mantuvieron aquella
forma. …”Esta
es la historia del sauce y la rosa”.... …”Donde
cada rama de este árbol, a orillas del río, parece decaída. Como si
quisiera llegar a tocar el agua con sus dedos, o pequeñas hojas alargadas
como lágrimas”… …”Y
la rosa se oculta debajo del río, en algún bosque cercano, o en
cualquier lugar del mundo”… Pero
aún queda una pequeña parte sobre el destino final de la historia:
Durante
toda una eternidad el joven poeta será sauce, y su joven amada será la
rosa que vivirá sumergida
bajo el agua, a orillas del río.
Todavía reviven en cada primavera,
como capullos de amores perdidos. La rosa se eleva hasta posarse sobre las
rústicas cortezas del sauce herido, quien lentamente aproxima sus ramas
para sentir las caricias sobre los pétalos de su amada. Pero
al comenzar el verano vuelve la flor a sumergirse en las aguas, y el sauce
a derramar lágrimas sobre el río. Decaen sus hojas hasta tocar el agua,
mientras recita poemas con la quietud del silencio y
la soledad.
Toda una vida aconteciendo lo mismo.
Superando día tras día hasta volver a sentirse nuevamente cerca. Y sobre
la piel reseca del sauce, trazada una frase con néctar desprendido de
alguna rosa: …”¡nuestro
amor será tan fresco, como los días de primavera!” …
Jesús Gerominez
Entre el ocaso y el alba se pierden sus miradas… solo pueden besarse el alma cuando él desvanece sus fuerzas en manos de su amada… al caer la tarde, comienza una nueva noche desolada… Durante tantos siglos y eternidades de antaño persiguiéndose el amor… alguna vez el sol fue un príncipe y la luna su princesa… alguna vez se amaron y hasta pudieron rozarse el alma... se sintieron un poco más de tiempo, que solo desde un ocaso hasta el alba… Su amor era perfecto, como una extraordinaria poesía iluminada… dos poemas sus cuerpos, cargados de elogios y miradas exaltadas… aquel amor carga con un agrio sabor, pues el sol jamás volvió a besar aquellos labios… pues la luna tampoco pudo evitar el hechizo que el desamor derramo sobre sus destinos… Pequeñas mantas de cometas extraviados suelen acompañar al núcleo de fuego… la galaxia infinita, y un vacío que impide que se derramen sonidos… las partículas inexistentes de un universo solitario para el astro de la luz… La luna derrama su esencia sobre la túnica oscura de la noche… cada estrella brillado supone una lágrima nueva que derrama al extinguirse la luz… preludios oprimidos resonando entre las partículas de una aurora boreal… Durante cada eclipse logran recorrer sus miradas… se detiene el mundo ante semejante encuentro de amor… mientras una lluvia de cometas se desliza sobre las aureolas de los ángeles… El sol y la luna bajo un hechizo sembrado en las paredes del destino… cuando el día ilumina la sombra del sauce, la noche se extravía hacia otras fronteras… pues ese castigo ha marcado a fuego las caricias vacías… el día y la noche nunca podrán renacer simultáneamente… La oscuridad persigue a la luz y la luz a la oscuridad… hasta que en algún eclipse se los logre juntar… la luna vive en penumbras, pues la luz de su príncipe jamás la podrá iluminar… El sol pierde sus fuerzas durante el otoño y el invierno, cuando su alma permanece herida… durante la primavera renace como retoños de alegrías… y al comenzar el verano prolonga la vida de sus días, aumentando la esencia del ocaso… donde en cada crepúsculo se sienten las calcinantes caricias del amor… pues el sol despierta el fuego, y la luna, la pasión.
Jesús Gerominez
La imagen de una pasa de uva… es el espejo de mi alma… Como mariposa en arrullo, desdichado canto que emanas… cataclismo de palabras, oír tu nombre aún me desgarra el alma… Las telarañas desvisten el aura, desvisten el aura un mar de palabras… capullos de mis anhelos, que hoy nutren desprecio al ver tu sonrisa pálida… Tan distante como lejana, colmena de hiel y silencio… mis córneas están gastadas de tanto buscar tu rostro… Fragmentos oxidados de tanto resistir la lluvia gris del corazón… pues quien ha percibido el preludio entre las paredes del silencio… solo aquel podrá oír de mi alma la canción desesperada… Mi esencia enmarañada entre el olvido y la nostalgia… quizás nadie entienda como duelen las mañanas cuando un mato gris cubre el cielo… Nunca podrás ver el mundo con los ojos del corazón y del alma… por mas que intentes burlarte, aquí estoy…transformando en crepúsculo lo cristalino... siendo el único autentico entre tu ignorancia y mi sed de amar sin melancolías efímeras… Un desorden de conceptos bloqueando esquemas complejos… mi horizonte asoma su fin donde tú ni si quieras imaginas llegar… pues nunca podrás ver el mundo con mis ojos de poesía… Y aún te sientes la flor que debió renacer en mi pecho… pues la rosa solo le pertenece al sauce, y tu piel conlleva veneno sobre las espinas… solo laberintos de expresiones, fragmentos de menta y una delicada mañana blanca… Cataclismo de palabras que caen pesadas al fragmentarse la rama de la parra… son las últimas nubes antes de ver nuevamente el sol… solo agrias estrofas dirigidas como aguijones hacia la sombra inerte del amor. Jesús Gerominez
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